Si les
contara sobre un lugar de viviendas rodeadas de parques con grandes arboledas,
vida social activa, vecinos amigueros, seguridad interna, chicos en bicicleta,
piscina, y bla, bla, bla, seguro todos pensarían que estoy hablando de un barrio
privado o, tal vez de un country, pero nada más alejado, y sus vecinos lo
saben. Al lugar que visitaremos algunos de ellos lo llaman “mini barrio”, otros
“pueblo pequeño”, otros y, tal vez, el más acertado, “country de los
laburantes”.
El Barrio
General San Martín se ubica dentro del barrio de Villa Pueyrredón, en la comuna
12. Un barrio que limita con Villa Urquiza al noreste, Agronomía al sudeste,
Villa Devoto al sudoeste y con el partido de San Martín al noroeste. Un barrio
que fue consecuencia del asentamiento de familias trabajadoras de la fábrica
textil Grafa, que estaba ubicada en Av. de los Constituyentes y Av. General
Paz, donde luego se asentó el hipermercado Walmart. Un barrio que, como muchos
otros de la ciudad, creció gracias a la llegada del ferrocarril, ya que en su
interior se encuentra la estación que le dio nombre al barrio.
Luego de la
segunda Posguerra, ante los problemas sociales, económicos y culturales, los
gobiernos comenzaron a interesarse por la resolución de conflictos ligados a la
presión poblacional sobre las ciudades y la falta de viviendas. Por lo que la
vida social, el ocio, el esparcimiento, la vivienda, el estilo de vida, el
deporte y el bienestar, entre otros, fueron incorporados a las agendas
gubernamentales a nivel global. Esta tendencia llegó a Argentina durante la
presidencia de Perón y, no solo llevaron a la acción esas ideas, sino que las
utilizaron como propaganda del estado. El peronismo canalizó las premisas de
“el sueño de la casa propia” y de “ascenso social” a través de la realización
de barrios de vivienda obrera, tanto por acción directa (construcción y
entrega), como por acción indirecta (a través de créditos del Banco
Hipotecario).
El Barrio no
oficial General San Martín fue uno de estos últimos, junto con otros nueve más
que se hicieron en la Ciudad de Buenos Aires, entre 1948 y 1954. Es parte de
los ciento y pico de barrios no oficiales de la ciudad y se encuentra delimitado
por las Av. General Paz, la calle Ezeiza, la Av. Constituyentes, la calle
Álvarez Prado y su continuación, la calle El Gaucho. Fue creado con el nombre
“17 de octubre” y construido por el arquitecto Carlos Coire. Era conocido, también,
como Barrio Grafa, por su cercanía con la fábrica y consta de 34 edificios
realizados en hormigón armado y cerramientos de ladrillos terminados con
revoques pintados de blanco y sin ornamentos. Un tipo de arquitectura racionalista
de pabellones o monoblocks, que sería muy usada en la época para la realización
de viviendas sociales en el país. Cada edificio está compuesto por planta baja
y 3 plantas con departamentos de 2 y 3 ambientes. En el año 1955, con el
derrocamiento de Perón, cambió su nombre por el de Barrio General San Martín.
El complejo
tiene en su interior una plaza, zonas parquizadas, calles internas, zonas de
juegos, un centro comercial, un tanque de agua y la iglesia, que se inauguró en
1987, bajo el nombre de Corazón de Jesús y que tuvo dos etapas de construcción.
La primera, en la que se construyó el templo, propiamente dicho, el cual es
como un gran chalet, y la segunda etapa fueron los salones parroquiales. La
obra estuvo a cargo de los arquitectos Jorge Castelli y Marcelo Homs y los
materiales usados son ladrillo a la vista y techo a dos aguas de pizarras. En
el interior la madera recorre su única nave, desde el ingreso hasta el altar
principal y la capilla lateral. Es moderna, de líneas rectas y paredes blancas,
con iluminación natural que invita a la introspección del visitante.
En el centro
geográfico del Barrio se eleva el tanque de agua sobre una plazoleta que sirve
para encuentro social. En sus inicios el tanque se construyó para llevar buena
presión de agua a los edificios, pero, con el tiempo, perdió su función y se
convirtió en sede administrativa del barrio. Allí se instaló el primer teléfono
público, el primer centro de señal de cable y, a su alrededor, ensaya la murga
“Soñadores de Villa Pueyrredón”, además de ser el lugar donde todos festejan
los carnavales. A los tres metros de altura, aún puede verse una frase de la
época “por la libre voluntad del pueblo como expresión de soberanía”, aunque el
tiempo y el abandono ayudaron a que se vuelva casi ilegible.
Lo que todos
tienen claro es que es un “barrio peronista”. No solo por haber sido construido
en la época de Perón, sino porque allí vivieron varias personalidades de su
círculo, como por ejemplo el fotógrafo de Evita o el peluquero de Perón o
porque varios de los hijos de sus primeros ocupantes se llamaron Juan Domingo o
Eva. La cuestión es que allí adentro es otro mundo. Uno donde las familias se
conocen, disfrutan del verde y el aire libre, lejos del bullicio de la ciudad y
del ruido, a pesar de estar cerca de la Av. General Paz. Uno donde entre todos
se cuidan, cuidan de sus hijos y de los hijos de los otros vecinos mientras
corretean por el parque o andan en bici, disfrutan de los cientos de piletas
Pelopincho, propias o ajenas, desperdigadas por ahí, se sientan en una de las
mesas fijas a comer una picada, en las reposeras a tomar un mate o, simplemente,
a conversar entre ellos. Se autodenominan una gran familia.
Nuestra
ciudad no deja nunca de sorprendernos, con sus lugares maravillosos, su
historia oculta, sus altibajos políticos y económicos, que tanto daño nos han
hecho, y sus momentos contradictorios y alocados que nos han llevado a épocas
de esplendor y a otras tantas de decadencia.
Habrá que ir
a ver ese lugar. Hay muchas de estas burbujas ocultas en nuestra ciudad que no
conocemos o, por lo menos, desconocemos su espíritu. Algunas ya las vimos y
habrá, seguramente, muchas más por ver, porque recuerden que “el lápiz del
croquisero es como una varita mágica que esboza con rapidez y soltura la
esencia del lugar”.
Sandra Machado
ANALÍA JARA
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