sábado, 24 de enero de 2026

Croquiseros Urbanos Bs. As. - Salida Nº 175 - Hospital Ricardo Gutierrez - 17/01/2026

Tal vez, antes de hablar del hospital en sí, convenga detenerse en la vida de su creador. Porque este hospital nace de la vocación de un hombre para quien curar enfermos no fue solo una profesión, sino el sentido de su vida. Un hombre que fue soldado, poeta y médico y que en cada una de sus facetas dejó un legado admirable. Como soldado participó en varias guerras, otorgando vida y esperanza a los caídos; como médico dedicó sus conocimientos especialmente a los más pequeños, convirtiéndose en el primer pediatra argentino; como escritor dejó plasmadas sus emociones en palabras: la tristeza, el dolor y la piedad que sentía.
Ricardo Gutiérrez nació en el año 1836 en Arrecifes. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y con sus dos hermanos cultivó desde joven la pasión por las letras y el periodismo: juntos crearon el diario La Patria Argentina. Comenzó la universidad estudiando abogacía, pero su verdadera vocación apareció lejos de las aulas. Participó en guerras, como la de Paraguay; en batallas, como las de Cepeda y Pavón; se enlistó como médico voluntario en la guerra de la Triple Alianza aún, siendo estudiante. En esos lugares conoció el horror y la urgencia: curó heridas, luchó contra enfermedades, con la falta de medios y conocimientos, extrajo balas, amputó miembros y combatió epidemias, como las del cólera y la fiebre amarilla.
Cuando regresó de la guerra lidió, además, contra las ideas dominantes de la época. Convencido de que los niños necesitaban un lugar propio para ser atendidos, propuso la creación de un hospital infantil. Su lema era “Hay que salvar en la cuna el porvenir de la Patria”. Pidiendo apoyo a las damas de la Sociedad Benéfica —institución creada durante la presidencia de Bartolomé Mitre—, logró su objetivo.
En el año 1875 abrió sus puertas el primer Hospital de Niños “San Luis Gonzaga” en la calle Victoria 1179 (hoy Hipólito Yrigoyen 3420). Gutiérrez asumió la dirección unos meses después, ya que al momento de la inauguración se encontraba en Europa becado por D. F. Sarmiento para perfeccionarse. A su regreso se convirtió en el primer pediatra del país y dirigió el hospital durante veintiún años, de manera totalmente ad honorem. El equipo médico incluía figuras destacadas, como Ignacio Pirovano y José María Ramos Mejía. En 1876 el hospital se trasladó a Arenales 1472, donde comenzó a funcionar también como escuela, y en 1896 se mudó a su sede actual en Gallo 1330. Gutiérrez, que ya había despedido al poeta que había en él para entregarse por completo a la medicina, no llegó a verlo: había muerto tres meses antes, a causa de una afección pulmonar. En 1936, con motivo del centenario de su nacimiento, un diputado propuso que el hospital llevara su nombre, iniciativa que fue aprobada en 1946.
Para el nuevo edificio se formó una comisión integrada por médicos e ingenieros de renombre, quienes analizaron las innovaciones edilicias y tecnológicas aplicados a hospitales en Europa. El proyecto quedó a cargo del Arquitecto Christophersen, quien fue premiado con una medalla de oro en la Exposición en Chicago de 1893. El 22 de noviembre de ese mismo año se colocó la piedra fundamental, con la bendición del Arzobispo de Buenos Aires.
Su arquitectura respondía al modelo hospitalario de pabellones rodeados de áreas verdes pensadas para favorecer la recuperación de los pacientes. Cada pabellón contaba con escaleras de mármol y ascensor, algo poco común para la época. Todo estaba previsto: consultorios, habitaciones, morgue, salas de operaciones, pabellones de enfermedades contagiosas, otro para enfermos especiales, habitaciones para personal médico, cocinas, despensas, lavaderos, entrada de carruajes, capilla y todos los servicios necesarios para transformarlo en lo que se convirtió: un hospital de alta complejidad, pionero en la región y referente, no solo en el país, sino también en Sudamérica.
Sin embargo, el crecimiento constante de la cantidad de pacientes, sumado a la manutención de otras instituciones y hospitales, y la dependencia casi exclusiva de los escasos fondos públicos, hizo que el dinero no alcanzara para terminar las obras. Fue entonces cuando se recurrió a empresarios como Magnani & Cía. y Teófilo Sibelau, quienes aceptaron finalizar los trabajos con la condición de recibir el pago en un plazo de ocho meses.
Una historia que no debemos olvidar. Y para ello están los Croquiseros Urbanos, que con su vista atenta y su memoria sensible, ayudarán a que permanezca viva y que nunca se borre.
Sandra Machado




Nélida  Lanza


Sandra  Tabera


Victoria  Braunstein

Claudio  Perez Rey

Sandro  Borghini




Eduardo  Smudt


Rubén  Cipolla

Martha Privitelli



Gustavo  Colotto


Marta  Prigoshin

María Catalina  Alberto (Mayca)


Rodolfo  Besada (Fito) 

Ricardo  Gersbach  (Mono) 

Stella Maris  Dotti 


Silvia Poveda


Laura  Gerlero



Gaby  Terzano




Mónica Verduri




Margarita  Descole


Edgardo  Minond


Dora  Rud



Eduardo  Liserra 
Adriana  Pedraglio

Laura  Vacs



Pat  Amodei

Adhemar Orellana Rioja 


Guillermo di Renzo
























































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