lunes, 13 de abril de 2026

Croquiseros Urbanos Bs. As. - Salida Nº 178 - Pasaje Rivarola - 18/04/2026

Esta Buenos Aires que tanto nos gusta nunca dejará de sorprendernos. Y esta vez, el encanto está en esas pequeñas callecitas escondidas que se cuelan entre otras, con una magia muy propia. Son los famosos «pasajes»: algunos apenas de una cuadra, que van hacia ningún lugar en particular, otros incluso sin salida, muchos de diferentes formas, pueden ser peatonales, vehiculares o mixtos, pero siempre sumando belleza al clásico damero de nuestra ciudad. Existen más de quinientos, entre ellos: Caminito en la Boca, Lanin en Barracas, Bollini en Recoleta, La Piedad en Balvanera y muchos otros.
    Pero hoy vamos a detenernos en uno especial. Un pequeño oasis de orden, calma y simetría: el Pasaje Rivarola, conocido también como calle Espejo. Está ubicado en el barrio de San Nicolás, paralelo entre las calles Talcahuano y Uruguay y conecta Bartolomé Mitre con J.D. Perón. Entre tanto caos edilicio, tiene algo único: es Buenos Aires, pero por momentos parece Paris.
    En su interior hay ocho edificios de viviendas —cuatro de cada lado idénticos y enfrentados como un espejo—, compuestos por sótano, vivienda de encargado, planta baja con locales hacia el frente, cinco pisos y terraza. Además, en las cuatro esquinas, cada uno remata en una cúpula con mirador. Ahora bien, ¿cuál es su historia?
    En 1924, la Compañía de Seguros La Rural decidió aprovechar uno de sus terrenos y les encargó el proyecto a los arquitectos Petersen y Cruz junto al ingeniero Thiele. Dividieron la manzana como si fuera un túnel del tiempo y dos años después, en 1926, el pasaje estaba concluido. Diseñaron edificios de renta, pensados para alquiler, como era habitual en esa época, y así se mantuvieron hasta que, en 1948 apareció la Ley de Propiedad Horizontal, que les permitió a los vecinos comprar sus propias unidades. Al principio se llamó Pasaje La Rural, pero en 1957, un Decreto dispuso que su nombre cambiara por el de Pasaje Rivarola. La obra estuvo a cargo de GEOPÉ —Compañía Argentina de Obras Públicas—, una empresa de capitales alemanes, que lo construyó con ese estilo Beaux Arts, académico y afrancesado, que tanto seducía a la Buenos Aires de finales del siglo XIX.
    Podemos ver en sus señoriales fachadas, armonía y proporción: paredes color tiza —imitación piedra Paris—, detalles de herrería artística, techos de pizarra importada y marcos de bronce. Su interior no se quedó atrás: pisos de mármol en el hall de entrada, escaleras y ascensores y los departamentos contaban con pisos de roble de Eslavonia, símbolo de una época opulenta de la Argentina, que no volverá jamás. Cada edificio tenía su propia terraza, que se usaba para lavado y tendido de ropa… y también, no nos engañemos, para alguna que otra festichola. Todo en ellos muestra ese aire parisino que enamora.
    Claro que no siempre fue así de perfecto. Hubo épocas de abandono, con varios locales cerrados durante años. Pero en los últimos tiempos y, en gran parte gracias al empuje de sus vecinos, el pasaje comenzó a recuperar su valor. Hoy al estar dentro de un Área de Protección Histórica, la actividad comercial es bastante limitada, lo que también ayuda a evitar la intromisión de rubros que alteren la paz y la armonía que no quieren perder.
    Todavía quedan negocios de vieja data y otros que se fueron modernizando: la innovadora librería Asunto Impreso, dedicada al arte principalmente; la histórica Casa Raab, que era conocida como la Chacarita de los Relojes por el arreglo de relojes antiguos, y donde hoy funciona una Galería de Arte, aunque en la puerta todavía está colgado el antiguo reloj, que volvió a dar la hora desde diciembre de 2025; sobre la misma vereda se celebró la apertura del Café Rivarola, que junto con la librería organizan encuentros con escritores argentinos y le suma actividad al lugar; el Museo de la Mujer y el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo siguen ahí.
    En los extremos del pasaje resisten dos clásicos de toda la vida: la vidriería del Centro, sobre Mitre, y la ferretería GA-TA sobre Perón. Y, como si fuera poco, empezaron a aparecer varios emprendimientos hoteleros, algunos ya finalizados y otros en camino.
    Pero hay más, desde que se creó fue escenario de publicidades y escenas de películas, y en los últimos tiempos sumó fama por ser parte de la serie “Envidiosa”.
    Gran desafío le espera a los Croquiseros. Por un lado, van a disfrutar del Pasaje Rivarola, viviendo una tarde en Paris, pero por otro, se van a volver locos dibujando tanta simetría… porque claro, cuando crean que terminaron de un lado, tienen que hacer todo de nuevo del otro exactamente igual, simétrico y espejado.
    Y lo que no se imaginan es el problema que van a tener cuando dibujen a sus vecinos… ¿también serán simétricos y estarán espejados?
Habrá que tocar los timbres y hacerlos salir.

Sandra Machado