A continuación publicamos los croquis que pudimos hacer, cada vez somos más y es mas la diversidad.
Adhemar Orellana Rioja




Cristina Caronni



Edgardo Minond, lapicera 0,5 y 0,7 de tinta gel negra y acuarela.
Barracas es un lugar fantástico para dibujar , sobre todo si se juntan la hora de la siesta con un cielo amenazante
El color de la estación Irigoyen se realza contra el cielo plomizo y el naranja de los tachos de basura resalta casi fosforescente
El espacio del Pasaje Darquier y la Estación tiene una escala, mística muy diferente a las calles circundantes
El edificio apoya pesadamente su masa compacta de mampostería en el suelo sin mas transición que una veredita angosta , el ancho de la calle y las bajas construcciones de enfrente hacen que este lugar tenga una identidad especial.










Ines Frangella

Barracas al sur
A pocas cuadras del Obelisco y de Puerto Madero, está Barracas, un barrio detenido en el tiempo, donde los íconos de la sociedad de consumo y de la globalización, con su
arquitectura internacional no han llegado. Ni marquesinas, ni pantallas de propaganda digitalizadas, ni torres de oficinas que pueden pertenecer a cualquier ciudad del mundo.
Esta imagen de un recodo de la calle Juan Darquier da cuenta de ello.
Diciembre, sábado por la tarde, todavía sol antes de la lluvia torrencial que arrasó con nuestras intenciones croquiseras.
Poca, gente, salvo nuestro grupo, desperdigado por ahí. Un kiosco multirubro a escala barrial y perros sofocados que van de aquí para allá. Mi compañera dibuja, mientras que un
vecino, que salió del boliche multirrubro, la ojea por sobre el hombro.
A pocas cuadras del Obelisco y de Puerto Madero, está Barracas, un barrio detenido en el tiempo, donde los íconos de la sociedad de consumo y de la globalización, con su
arquitectura internacional no han llegado. Ni marquesinas, ni pantallas de propaganda digitalizadas, ni torres de oficinas que pueden pertenecer a cualquier ciudad del mundo.
Esta imagen de un recodo de la calle Juan Darquier da cuenta de ello.
Diciembre, sábado por la tarde, todavía sol antes de la lluvia torrencial que arrasó con nuestras intenciones croquiseras.
Poca, gente, salvo nuestro grupo, desperdigado por ahí. Un kiosco multirubro a escala barrial y perros sofocados que van de aquí para allá. Mi compañera dibuja, mientras que un
vecino, que salió del boliche multirrubro, la ojea por sobre el hombro.















Oscar Padrevecchi
























Victoria Cura

