El barrio Simón
Bolívar es un barrio no oficial de Buenos Aires que se esconde dentro otro: el
barrio Parque Chacabuco. Este último, a su vez,
limita con Caballito al norte; con Flores al oeste; con Boedo al este y con
Nueva Pompeya al sur. En su interior, alberga otros barrios no oficiales —Butteler,
Cafferata, Emilio Mitre, Juan XXIII, Coreano y la Villa 13 bis— que, junto con
el Simón Bolivar, nacieron como barrios obreros.
No les voy
a contar todo de nuevo porque ya lo hice en la “salida Nº 116 virtual”, pero sí
vale la pena recordar que por 1910, la escasez de vivienda obrera comenzaba a
preocupar. Eso motivó la construcción de complejos habitacionales de diversas
características, pero todos unidos por un mismo fin social. La idea era integrar
la construcción de viviendas con el entorno, teniendo en cuenta el
asoleamiento, la comunicación —tanto entre vecinos del barrio como hacia
afuera—, los espacios de encuentro social, el ajardinamiento y los servicios.
l
barrio Simón Bolívar —llamado en sus inicios barrio Curapaligüe—, se ubica en
diagonal al Parque Chacabuco, uno de los tres pulmones verdes de la ciudad junto
a los bosques de Palermo y el Parque Avellaneda. Está rodeado por la Av. Eva
Perón y las calles Dávila, Curapaligüe y Baldomero F. Moreno. Fue construido en
el contexto del Plan Quinquenal (1948-1952) durante la presidencia de Perón. El
proyecto estuvo a cargo del arquitecto Héctor Fariña Rice y fue un
emprendimiento financiado por el Banco Hipotecario Nacional en conjunto con la
Administración Nacional de la Vivienda. Se inauguró en 1953 y la sanción de la
Ley de Propiedad Horizontal en 1948 permitió algo fundamental: que los vecinos
fueran dueños de sus departamentos y no simples inquilinos de un único
propietario.
Está formado por seis torres de diez y
doce pisos (en total son 676 departamentos de tres y cuatro ambientes). Cada
volumen está orientado de una forma diferente y elevado sobre columnas
cilíndricas revestidas en venecitas. No hay muros entre ellas —salvo los de
ladrillos de los accesos— lo que permite una vista libre por debajo y una
continuidad visual de las áreas verdes. En el centro cuenta con un sector con
juegos para chicos, recientemente modernizado con el agregado de juegos, pisos
antigolpes y senderos. Del lado de Baldomero F. Moreno hay una sucursal del
Correo Argentino, cruzando la Av. Eva Perón está el Mercado Curapaligüe y a dos
cuadras, la Parroquia de la Medalla Milagrosa.
El Mercado Curapaligüe
es un edificio rectangular con un techo soportado por costillas curvas de
hormigón y ha sobrevivido en el tiempo gracias al barrio, donde se encuentran
sus fieles compradores.
La
parroquia posee un importante patrimonio cultural, ya que es el templo con más
vitrales de la ciudad. Fueron realizados por el importante artista catalán
Antonio Estruch —también autor de los del Café Tortoni—, y narran la vida y obra de los fundadores de la
Congregación de la Misión y las apariciones de Nuestra Señora de la Medalla
Milagrosa. La iglesia se inauguró en el año 1941, construida por
el arquitecto Carlos Massa en estilo neorrománico y montada sobre una amplia explanada
con escalinatas. Consta de tres naves con crucero, dos torres en la fachada con
campanario carrillón de seis campanas, cuatro relojes y una imponente cúpula
hexagonal elevada 40 m, rodeada de cuatro torres menores. Remata la cúpula una
estatua de la Virgen, de 5.30 m de altura, que simboliza las apariciones que
tuvo la novicia Santa Catalina de Labouré en 1830, donde la veía parada sobre
el mundo, protegiéndolo, aplastando con su pie a la serpiente, que encarnaba
las fuerzas del mal. Por su altura y su vuelo sobre el cielo no solo se ve
desde la distancia, sino que hay pocos casos similares en el mundo. Sin
embargo, el tiempo no perdona y los casi 150 vitrales sufrieron una gran falta
de mantenimiento, por lo que están siendo restaurados, desde el año 2017, por
la vitralista María Paula Farina Ruiz.
Y por ahí andarán los Croquiseros, desafiando este
veranito indeciso que pasa del calor al frio en segundos, con la clásica duda
de que ponerse. Pero como nada los detiene, los veremos perderse entre los vecinos
curiosos, los parques y las calles, cuaderno en mano, dibujando sin parar… Porque
el clima… es lo de menos o ¿no?
Sandra Machado
Gustavo Colotto
Adrian Muiño
Miguel Angel Inga
Stella Maris Dotti
Carlos Saenz
Claudio Perez
Eleonora Dorrego
Maria Ines Salas
Ricardo Gersbach
Pat Amodei
Cesar Malluk
Daniel Ortiz
Juan Carlos Sangil
Cristina Monmany
Eduardo Smudt
Carmen Ines Galbusera
Enrique Lopez Pereyra
Irina Fallik
Elisa Laferriere
Sandro Borghini
Verónica Eggers
Mi texto de hoy:
Veintinueve años pasando por este lugar y no lo conocía.
La prisa, una dirección, un horario. Llegar, atravesar sin detenerse, sin distracciones.
29 años de llevar a mis hijos al jardín de la otra cuadra, luego a los talleres de arte. Más tarde coordinar un colegio en este mismo barrio.
Sólo un par de veces me detuve en el correo que está en la parte externa, a cobrar la tarea de censar a una porción de la ciudad. Quince minutos? Y jamás supe de este espacio interno. Un escritor vive en uno de estos departamentos, me acuerdo. Pero sólo es saber, no conocer, entrar, ver.
Una tarde preciosa de chicos jugando, en un espacio amplio, para el disfrute.
Una manzana de parque, con asientos y caminitos, y los edificios hacia la calle, como una caja torácica con los órganos vitales dentro.
Si la ciudad fuera toda así pensada, y no un amontonamiento, el ansia de aprovechar metros cuadrados para cemento, sin aire, sin pasto, sin árboles con pajaritos.
Se ve que hubo un tiempo en que tanto en este como en otros barrios destinados a los obreros, se daba importancia a la gente, al bienestar, al ser humano.
Ser humano. Respirar. Hacer pausas. Mirar a los ojos. Compartir espacios.
Una vez por mes mi prisa se toma un recreo, y me rodeo de gente que me invita a descubrir un barrio por el que pasé cientos de veces y no conocía ♡



































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