lunes, 16 de febrero de 2026

Croquiseros Urbanos Bs. As. - Salida Nº 176 - BARRIO SIMÓN BOLÍVAR - Barrio Parque Chacabuco - 14/02/2026

El barrio Simón Bolívar es un barrio no oficial de Buenos Aires que se esconde dentro otro: el barrio Parque Chacabuco. Este último, a su vez, limita con Caballito al norte; con Flores al oeste; con Boedo al este y con Nueva Pompeya al sur. En su interior, alberga otros barrios no oficiales —Butteler, Cafferata, Emilio Mitre, Juan XXIII, Coreano y la Villa 13 bis— que, junto con el Simón Bolivar, nacieron como barrios obreros.
    No les voy a contar todo de nuevo porque ya lo hice en la “salida Nº 116 virtual”, pero sí vale la pena recordar que por 1910, la escasez de vivienda obrera comenzaba a preocupar. Eso motivó la construcción de complejos habitacionales de diversas características, pero todos unidos por un mismo fin social. La idea era integrar la construcción de viviendas con el entorno, teniendo en cuenta el asoleamiento, la comunicación —tanto entre vecinos del barrio como hacia afuera—, los espacios de encuentro social, el ajardinamiento y los servicios.
    l barrio Simón Bolívar —llamado en sus inicios barrio Curapaligüe—, se ubica en diagonal al Parque Chacabuco, uno de los tres pulmones verdes de la ciudad junto a los bosques de Palermo y el Parque Avellaneda. Está rodeado por la Av. Eva Perón y las calles Dávila, Curapaligüe y Baldomero F. Moreno. Fue construido en el contexto del Plan Quinquenal (1948-1952) durante la presidencia de Perón. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Héctor Fariña Rice y fue un emprendimiento financiado por el Banco Hipotecario Nacional en conjunto con la Administración Nacional de la Vivienda. Se inauguró en 1953 y la sanción de la Ley de Propiedad Horizontal en 1948 permitió algo fundamental: que los vecinos fueran dueños de sus departamentos y no simples inquilinos de un único propietario.
    Está formado por seis torres de diez y doce pisos (en total son 676 departamentos de tres y cuatro ambientes). Cada volumen está orientado de una forma diferente y elevado sobre columnas cilíndricas revestidas en venecitas. No hay muros entre ellas —salvo los de ladrillos de los accesos— lo que permite una vista libre por debajo y una continuidad visual de las áreas verdes. En el centro cuenta con un sector con juegos para chicos, recientemente modernizado con el agregado de juegos, pisos antigolpes y senderos. Del lado de Baldomero F. Moreno hay una sucursal del Correo Argentino, cruzando la Av. Eva Perón está el Mercado Curapaligüe y a dos cuadras, la Parroquia de la Medalla Milagrosa.
    El Mercado Curapaligüe es un edificio rectangular con un techo soportado por costillas curvas de hormigón y ha sobrevivido en el tiempo gracias al barrio, donde se encuentran sus fieles compradores.
    La parroquia posee un importante patrimonio cultural, ya que es el templo con más vitrales de la ciudad. Fueron realizados por el importante artista catalán Antonio Estruch —también autor de los del Café Tortoni—, y narran la vida y obra de los fundadores de la Congregación de la Misión y las apariciones de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. La iglesia se inauguró en el año 1941, construida por el arquitecto Carlos Massa en estilo neorrománico y montada sobre una amplia explanada con escalinatas. Consta de tres naves con crucero, dos torres en la fachada con campanario carrillón de seis campanas, cuatro relojes y una imponente cúpula hexagonal elevada 40 m, rodeada de cuatro torres menores. Remata la cúpula una estatua de la Virgen, de 5.30 m de altura, que simboliza las apariciones que tuvo la novicia Santa Catalina de Labouré en 1830, donde la veía parada sobre el mundo, protegiéndolo, aplastando con su pie a la serpiente, que encarnaba las fuerzas del mal. Por su altura y su vuelo sobre el cielo no solo se ve desde la distancia, sino que hay pocos casos similares en el mundo. Sin embargo, el tiempo no perdona y los casi 150 vitrales sufrieron una gran falta de mantenimiento, por lo que están siendo restaurados, desde el año 2017, por la vitralista María Paula Farina Ruiz.
    Y por ahí andarán los Croquiseros, desafiando este veranito indeciso que pasa del calor al frio en segundos, con la clásica duda de que ponerse. Pero como nada los detiene, los veremos perderse entre los vecinos curiosos, los parques y las calles, cuaderno en mano, dibujando sin parar… Porque el clima… es lo de menos o ¿no? 
Sandra Machado



Gustavo Colotto










Martha Privitelli










Horacio Noni


















Adrian Muiño










Miguel Angel Inga






Monica Kuscich






















Stella Maris Dotti






Carlos Saenz















Ruben Fernando Cipolla




Claudio Perez






Eleonora Dorrego





Maria Ines Salas





Ricardo Gersbach




Pat Amodei






Cesar Malluk






Daniel  Ortiz





Juan Carlos Sangil








Cristina Monmany





Eduardo Smudt



Carmen Ines Galbusera




Enrique Lopez Pereyra





Alex Sahores










Malvina Fernandez





Irina Fallik










Coco Rasdolsky





Carlos Ford








Adriana Pedraglio





Dora Rud








Marcela Suarez











Elisa Laferriere




Sandro Borghini







Verónica Eggers

Mi texto de hoy:
Veintinueve años pasando por este lugar y no lo conocía.
La prisa, una dirección, un horario.  Llegar, atravesar sin detenerse, sin distracciones. 
29 años de llevar a mis hijos al jardín de la otra cuadra, luego a los talleres de arte. Más tarde coordinar un colegio en este mismo barrio.
Sólo un par de veces me detuve en el correo que está en la parte externa, a cobrar la tarea de censar a una porción de la ciudad. Quince minutos? Y jamás supe de este espacio interno. Un escritor vive en uno de estos departamentos, me acuerdo. Pero sólo es saber, no conocer, entrar, ver.
Una tarde preciosa de chicos jugando, en un espacio amplio, para el disfrute. 
Una manzana de parque, con asientos y caminitos, y los edificios hacia la calle, como una caja torácica con los órganos vitales dentro. 
Si la ciudad fuera toda así pensada, y no un amontonamiento, el ansia de aprovechar metros cuadrados para cemento, sin aire, sin pasto, sin árboles con pajaritos.
Se ve que hubo un tiempo en que tanto en este como en otros barrios destinados a los obreros, se daba importancia a la gente, al bienestar, al ser humano. 
Ser humano. Respirar. Hacer pausas. Mirar a los ojos.  Compartir espacios. 
Una vez por mes mi prisa se toma un recreo, y me rodeo de gente que me invita a descubrir un barrio por el que pasé cientos de veces y no conocía ♡