Hoy
volvemos a este lugar tan emblemático de Palermo, la Parroquia de San Benito
Abad. Pero tranquilos que no les voy a repetir su historia, eso ya lo conté en
la salida Nº 77. Hoy quiero ir por otro lado… por su simbología y sus cambios con
el paso del tiempo.
La construcción empezó en
diciembre de 1940. Es un edificio ecléctico que integra la austeridad del
románico, el refinamiento del gótico y las estructuras en hormigón armado. Lo
curioso es que jamás fue terminado, entre otras cosas por la falta de recursos.
Pasó por muchos arquitectos y varias restauraciones, pero desde el año 1971, cuando
los monjes que habitaban allí se mudaron a Luján para tener una vida más
apacible, quedó abandonado. Hasta que, en 2014, volvió a renacer al convertirse
en sede de Casa Foa.
Les puedo contar algo que capaz no
sabían: de todas las iglesias dedicadas a San Benito en el mundo, esta es la
más grande. Y de todas las Iglesias de la Ciudad de Buenos Aires, la segunda en
tamaño. Además, está pensada como una iglesia de inmersión, para
vivirla de adentro hacia afuera. A diferencia de otras que se lucen desde las
plazas, esta se esconde. Incluso, la arboleda que la rodea, de veinte metros de
altura, la tapa por completo, dejando ver solo las torres que, al elevarse
hasta los 60 m., se asoman por encima de los árboles.
Desde 2014, la restauración tuvo varias
etapas. Cuando fue sede de Casa Foa se pusieron en valor salas, galerías,
celdas y patios para convertirlos en espacios culturales. Los jardines también
se recuperaron, quedando en manos de los descendientes de Carlos Thays, quien
había diseñado el proyecto original. Se respetaron árboles históricos, como la
palmera, el alcanfor y la magnolia. En el patio principal, además, se sumaron
bancos, senderos y riego artificial para hacerlo un lugar más disfrutable.
En 2017 le tocó el turno a las arquerías
y columnas —que se hidrolavaron—, y se restauraron capiteles y hierros a la
vista. Además, como las paredes tienen cámara de aire y la de ladrillos
exterior no se terminó, la humedad se filtraba hacia la piedra Paris del interior,
por lo que fue necesario también trabajar con las fachadas. Pero la historia no
terminó allí… En el año 2023, durante una lluvia torrencial, se quebró la cruz
de la torre norte, lo que marcó el comienzo del arreglo de ambas: la de la
Inmaculada, al sur, y la de la Eucaristía, al norte.
Esta etapa de la restauración de la Parroquia
no incluyó solo terminar el templo con su armonía y su sencillez, sino mantener
la premisa original: la de la convocatoria. Convocar a los fieles
hacia la iglesia. Y quizás por eso el gran referente fue el arquitecto Gaudí:
maestro de la creación, del uso de la luz y del sentido de cada cosa. Aquí nada
quedó librado al azar, cada detalle era importante.
San Benito es considerado faro de
luz porque sus enseñanzas y su vida le dieron orden, espiritualidad y
cultura a Europa durante una convulsa Edad Media. Esa idea de luz como guía es
la que atraviesa toda la restauración.
¿Se acuerdan de la cruz que se quebró? Era
de hierro, tan pesada que hubo que cortarla en varias partes para bajarla. Hoy ya
retiraron las de ambas torres y se encuentran en la pared de la entrada de la
iglesia, como piezas de museo. Las nuevas son de aluminio, de 3,90 m. de altura,
con un puntal de 2 m. que se encastra en la base. Son más livianas y brillan cuando
les pega el sol. Literalmente, reflejan la luz.
Y acá viene lo más increíble. Las campanas
no suenan… iluminan. Hoy, la Parroquia de San Benito Abad tiene el único
campanario del mundo que no hace ruido. En vez de las clásicas campanas de
bronce, caras, pesadas y muchas silenciadas porque molestan a los vecinos, eligieron
campanas transparentes, hechas con entramado metálico y malla, que guardan en
su interior dos potentes focos de luz. Su diámetro tampoco fue casual. Cada
campana tiene un sonido de acuerdo a su diámetro, en este caso, 1,50 m. es la
medida correspondiente a la nota musical Sol, como símbolo
de la luminosidad que irradia nuestro Señor. Se encienden y se apagan solas,
como una célula fotoeléctrica, abastecidas de energía por paneles solares instalados
en las torres. Y tienen nombre: una se llama Inmaculada,
consagrada a la Virgen María, instalada en diciembre del 2025; la otra se llama
Belén, por la estrella que guía e ilumina, que se colocará
próximamente.
Dentro de las refacciones también está
incluido el vitraux de la entrada, a cargo del conocido vitralista Félix Bugne.
Hoy se convirtió en el vitral con la medalla de San Benito más grande del mundo:
6 m. de diámetro.
La Parroquia pertenece al Distrito de
Protección Histórica Corredor Luis María Campos entre Olleros y Dorrego. Ahí la
encontramos, todavía en obra y en parte rodeada de andamios, pero imponente,
silenciosa y luminosa como un faro en la oscuridad.
Y seguro, en algún rincón del jardín,
bajo la sombra de los árboles habrá un Croquiseros urbano con su cuaderno
apoyado en las rodillas, peleándose con la perspectiva o con sus materiales,
tratando de decidir si dibuja la cruz brillante o la campana que no suena, pero
ilumina. Como si por un rato esa luz no solo guiara al templo, sino también a
cada trazo, para que sus dibujos encuentren su rumbo.
Sandra Machado










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