jueves, 21 de mayo de 2026

Croquiseros Urbanos Bs. As. - Salida Nº 179 - Avenida Belgrano y Piedras - Barrio de Montserrat - 16/05/2026

Una nueva esquina de Buenos Aires nos espera. Nada más ni nada menos que en el barrio de Montserrat, el barrio que vio nacer a nuestra ciudad, el corazón histórico de la capital argentina. El cruce de hoy es Avenida Belgrano y Piedras, justo donde termina la Diagonal Sur. Y aunque las vemos convivir como una esquina más, la historia de las tres se remonta a los orígenes de Buenos Aires.
    Belgrano nació en 1580 como una calle angosta que atravesaba la quinta de los Daquier hasta llegar a Boedo. A lo largo de su recorrido fueron apareciendo mercados, conventillos y pequeñas industrias que la transformaron en un eje fundamental para el desarrollo del sur de la ciudad. Tuvo distintos nombres, hasta que, en 1862, recibió el actual en honor al creador de la bandera nacional. Fue, alguna vez, de doble mano y hasta tuvo boulevard, pero en 1904 la Municipalidad de Buenos Aires decidió ampliarla, obra que finalmente se concretó en 1930. Hoy atraviesa los barrios de Montserrat, Balvanera y Almagro.
    La calle Piedras, en cambio, recuerda dos batallas contra los realistas: la batalla de Las Piedras, en la actual República Oriental del Uruguay, en 1811, y la otra sobre el río Las Piedras, en Salta, en 1812. Recorre los barrios de Montserrat y San Telmo y, además, formó parte de los antiguos barrios «del Tambor o del Mondongo», que durante los siglos XVIII y XIX concentraron gran parte de la población afroamericana.
    Y finalmente aparece la Diagonal Sur, oficialmente Avenida Julio Argentino Roca, que junto con la Diagonal Norte y la Avenida de Mayo forma parte de los accesos a la Plaza de Mayo, el centro político del país. Su diseño siguió el modelo parisino de finales del siglo XIX, pensado para mantener la uniformidad, armonía en altura y estilo arquitectónico. Pero abrir una diagonal implicó la expropiación de terrenos mucho más amplios de lo habitual. De hecho, los propietarios del antiguo «Mercado del Centro o Mercado Viejo» —ubicado en la esquina frente a la Manzana de las Luces—, terminaron vendiendo el terreno a la Municipalidad a un precio moderado porque el edificio, ya en ruinas y considerado antihigiénico, quedaba justo en medio del trazado proyectado. Ese mercado había sido, además, el primer mercado de abasto que tuvo la ciudad. La obra fue impulsada por el intendente Joaquín S. de Anchorena, aunque lo más curioso es que la idea original contemplaba extender la diagonal dos cuadras más, pero ese último tramo jamás se realizó. La avenida quedó trunca en esa esquina donde hoy está la Plazoleta Intendente J. S. de Anchorena, en honor a su mentor. Aún así, el Código de Planeamiento Urbano prevé su futura prolongación, por eso las construcciones nuevas ya se levantan contemplando el ensanchamiento tan esperado. Como suele pasar en Buenos Aires, el paso del tiempo fue rediseñando la fisonomía de este rincón, igual que la de tantos otros. La plaza en cuestión fue intervenida por el Gobierno de la Ciudad equipando y ampliando el sector de juegos, extendiendo las áreas verdes, colocando nuevo mobiliario urbano y equipamiento deportivo y mejoras en su infraestructura, accesibilidad e iluminación. Una renovación que le devolvió movimiento y vida cotidiana a la zona.
Sobre Piedras, en la esquina de enfrente, estaba el antiguo Mercado Coronel Dorrego, que a fines del siglo XVIII funcionaba como parada de carretas y mercaderías. Hoy ya no existe como tal, el predio se convirtió en un estacionamiento. De las carretas… a los autos.
    Y en este recorrido no puede faltar el edificio Somisa. En 1966, el presidente de la empresa estatal siderúrgica SOMISA, el teniente General Castiñeiras llamó a concurso para construir la sede social, bajo una consigna muy particular: para su construcción debía utilizarse el material que producía la empresa, el acero. El proyecto ganador fue el del arquitecto Mario Roberto Álvarez, y la obra finalizó en 1977. Años más tarde, tras la privatización de SOMISA en 1993, en el edificio se instaló la Jefatura de Gabinete en 1996. Fue el primer edificio de la Argentina realizado íntegramente en acero y el primero en el mundo completamente soldado. La estructura combina subsuelos de hormigón con una parte superior armada íntegramente en piezas de acero unidas como un mecano de alta precisión. Como la avenida tenía restricciones de altura, el proyecto contempló crecer hacia abajo: se construyeron siete subsuelos que alcanzan los veinticuatro metros bajo tierra. Tiene planta baja de doble altura, que desciende un metro bajo el nivel de la vereda, catorce pisos y terraza con helipuerto. El acero no solo se utilizó en la estructura, sino también en los divisorios internos y los marcos que sostienen los vidrios de doble cámara de aire de la fachada. Fue tratado especialmente para reducir el impacto térmico. Y aunque en su momento recibió críticas —somos una sociedad quejosa—, no podemos negar que hizo historia porque fue un gran desafío técnico para la época.
    Y para los Croquiseros urbanos de Buenos Aires también es un desafío este lugar. Entre las líneas perfectas del Somisa, las diagonales que desafían toda lógica, las perspectivas traicioneras y los contrastes entre lo antiguo y lo moderno, este rincón parece diseñado para ellos. Y allí estará instalados en la esquina, dibujando mientras los peatones pasan, los colectivos tapan y los curiosos, que nunca faltan, preguntan a pesar de ser obvia la respuesta: Ahhh ¿Qué están haciendo?
Sandra Machado

lunes, 13 de abril de 2026

Croquiseros Urbanos Bs. As. - Salida Nº 178 - Pasaje Rivarola - 18/04/2026

Esta Buenos Aires que tanto nos gusta nunca dejará de sorprendernos. Y esta vez, el encanto está en esas pequeñas callecitas escondidas que se cuelan entre otras, con una magia muy propia. Son los famosos «pasajes»: algunos apenas de una cuadra, que van hacia ningún lugar en particular, otros incluso sin salida, muchos de diferentes formas, pueden ser peatonales, vehiculares o mixtos, pero siempre sumando belleza al clásico damero de nuestra ciudad. Existen más de quinientos, entre ellos: Caminito en la Boca, Lanin en Barracas, Bollini en Recoleta, La Piedad en Balvanera y muchos otros.
    Pero hoy vamos a detenernos en uno especial. Un pequeño oasis de orden, calma y simetría: el Pasaje Rivarola, conocido también como calle Espejo. Está ubicado en el barrio de San Nicolás, paralelo entre las calles Talcahuano y Uruguay y conecta Bartolomé Mitre con J.D. Perón. Entre tanto caos edilicio, tiene algo único: es Buenos Aires, pero por momentos parece Paris.
    En su interior hay ocho edificios de viviendas —cuatro de cada lado idénticos y enfrentados como un espejo—, compuestos por sótano, vivienda de encargado, planta baja con locales hacia el frente, cinco pisos y terraza. Además, en las cuatro esquinas, cada uno remata en una cúpula con mirador. Ahora bien, ¿cuál es su historia?
    En 1924, la Compañía de Seguros La Rural decidió aprovechar uno de sus terrenos y les encargó el proyecto a los arquitectos Petersen y Cruz junto al ingeniero Thiele. Dividieron la manzana como si fuera un túnel del tiempo y dos años después, en 1926, el pasaje estaba concluido. Diseñaron edificios de renta, pensados para alquiler, como era habitual en esa época, y así se mantuvieron hasta que, en 1948 apareció la Ley de Propiedad Horizontal, que les permitió a los vecinos comprar sus propias unidades. Al principio se llamó Pasaje La Rural, pero en 1957, un Decreto dispuso que su nombre cambiara por el de Pasaje Rivarola. La obra estuvo a cargo de GEOPÉ —Compañía Argentina de Obras Públicas—, una empresa de capitales alemanes, que lo construyó con ese estilo Beaux Arts, académico y afrancesado, que tanto seducía a la Buenos Aires de finales del siglo XIX.
    Podemos ver en sus señoriales fachadas, armonía y proporción: paredes color tiza —imitación piedra Paris—, detalles de herrería artística, techos de pizarra importada y marcos de bronce. Su interior no se quedó atrás: pisos de mármol en el hall de entrada, escaleras y ascensores y los departamentos contaban con pisos de roble de Eslavonia, símbolo de una época opulenta de la Argentina, que no volverá jamás. Cada edificio tenía su propia terraza, que se usaba para lavado y tendido de ropa… y también, no nos engañemos, para alguna que otra festichola. Todo en ellos muestra ese aire parisino que enamora.
    Claro que no siempre fue así de perfecto. Hubo épocas de abandono, con varios locales cerrados durante años. Pero en los últimos tiempos y, en gran parte gracias al empuje de sus vecinos, el pasaje comenzó a recuperar su valor. Hoy al estar dentro de un Área de Protección Histórica, la actividad comercial es bastante limitada, lo que también ayuda a evitar la intromisión de rubros que alteren la paz y la armonía que no quieren perder.
    Todavía quedan negocios de vieja data y otros que se fueron modernizando: la innovadora librería Asunto Impreso, dedicada al arte principalmente; la histórica Casa Raab, que era conocida como la Chacarita de los Relojes por el arreglo de relojes antiguos, y donde hoy funciona una Galería de Arte, aunque en la puerta todavía está colgado el antiguo reloj, que volvió a dar la hora desde diciembre de 2025; sobre la misma vereda se celebró la apertura del Café Rivarola, que junto con la librería organizan encuentros con escritores argentinos y le suma actividad al lugar; el Museo de la Mujer y el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo siguen ahí.
    En los extremos del pasaje resisten dos clásicos de toda la vida: la vidriería del Centro, sobre Mitre, y la ferretería GA-TA sobre Perón. Y, como si fuera poco, empezaron a aparecer varios emprendimientos hoteleros, algunos ya finalizados y otros en camino.
    Pero hay más, desde que se creó fue escenario de publicidades y escenas de películas, y en los últimos tiempos sumó fama por ser parte de la serie “Envidiosa”.
    Gran desafío le espera a los Croquiseros. Por un lado, van a disfrutar del Pasaje Rivarola, viviendo una tarde en Paris, pero por otro, se van a volver locos dibujando tanta simetría… porque claro, cuando crean que terminaron de un lado, tienen que hacer todo de nuevo del otro exactamente igual, simétrico y espejado.
    Y lo que no se imaginan es el problema que van a tener cuando dibujen a sus vecinos… ¿también serán simétricos y estarán espejados?
Habrá que tocar los timbres y hacerlos salir.

Sandra Machado



ALEX  SAHORES





 


CARLOS  SAENZ







CRISTINA  MONMANY







 INES  GALBUSERA





           LAURA  GERLERO







   MARTA  PRIGOSHIN

 



NELIDA  LANZA






SANDRA  TABERA






CARLOS  MARINO






RICARDO MONO GERBASCH







MARIA CATALINA ALBERTO






DANIEL  ORTIZ






ADRIAN  MUIÑO







CLAUDIO  PEREZ  REY








FRANCISCO  LIERNUR






GABY  TERZANO






GUSTAVO  COLOTTO








HORACIO  NONI









IRENE  DI  FELICE






JUAN  SAN  GIL







SANDRO  BORGHINI








ANA  SLONINSKY







CHUNI  TORRASSA






SUSANA  OVIEDO






EDUARDO  LISERRA








MARTHA  PRIVITELLI







DIEGO  ESCARRA






EDGARDO  MINOND






MIGUEL  ANGEL  INGA








DORA  RUD









ADRIANA  PEDRAGLIO






CARLOS  FORD









GUILLERMO  DI  RENZO











VICTORIA  BRAUNSTEIN






MAGDALE
NA  EGGERS







MONICA  VIVIANA  VERDURI








EDUARDO  SMUDT






IRINA  FALLIK






MARITA  SALAS







CLAUDIA  FUEYO